El circo es el arte de los sobrevivientes

Release Date: 
February 15, 2016
Publication name: 
Nación

“El circo es de sobrevivientes”, dice Sol Carballo, directora de la Escuela de Danza, Teatro y Circo de Parque La Libertad, al hacer un repaso histórico de lo que ella llama “la madre de todas las artes”. 

Mientras hablamos sentadas en las instalaciones del parque, iniciativa del Ministerio de Cultura y Juventud, en Patarrá de Desamparados, un grupo de malabaristas, acróbatas, payasos y mimos hacen fila para que la fotógrafa inmortalice con su lente un mensaje claro y directo: defenderán hasta que no deban hacerlo más al circo como lo que es, un arte que se ha tenido que reinventar de generación en generación para sobrevivir, pero que está acá, cada vez más vivo y dispuesto a dar batalla.

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Festivales. Dos festivales de artes circenses pondrán a prueba las leyes de la gravedad, de la imaginación y de la magia a partir de esta semana.

El Festival de Artes Escénicas , en el Parque La Libertad, combinará talleres, espectáculos en vivo, concursos y actividades al aire libre del 15 al 21 de febrero en sus instalaciones, mientras que el Festival itinerante Pura Risa en su novena edición hará lo mismo pero en parques, calles y espacios públicos, comenzando el 17 de febrero, hasta el domingo 28. 

“Es muy importante darle a la población espacios seguros en donde puedan tener actividades de recreación que fomenten el interés en las artes, que nosotros usamos como herramienta de inclusión social y transformación”, comentó Carballo, productora del Festival.

Por qué con circo? En palabras de Nadia Ayala, atleta invitada internacional y graduada de laEscuela Circo Social del Sur de Argentina, “a través de esta disciplina, siendo tan lúdica y tan mágica, cada joven encuentra algo de sí mismo que puede ser una habilidad. En las comunidades más vulnerables y en jóvenes en situación de riesgo lo que falta es una proyección y algo que acompañe”, comentó. “Da oportunidades a jóvenes que no las tienen”.

El Parque La Libertad, que nació en el 2008, ya ha contado con la participación de más de 30.000 personas en sus distintos proyectos y busca, con cuatro ejes (artístico, de actividades urbanas, ambiental y de emprendimientos), atraer a jóvenes y niños de comunidades urbanas marginales de los cantones de La Unión, Desamparados y Curridabat, para potenciar destrezas que les permitan reinsertarse en la sociedad mediante espacios recreativos.

La escuela de Circo, siendo una herramienta más para alcanzar estos objetivos, nació en 2014 como la única en Centroamérica y su primera generación aún está en proceso de formación.

Reivindicar el circo. Para artistas invitados de ambos festivales, ésta también es una oportunidad para impulsar un arte que, junto a su gremio, se está despertando, después de años de invisibilización.

Pilar Ho y Kelcey Johnson, autoras del libro El circo en Costa Rica (primera memoria de las artes circenses en nuestro país) e integrantes de la Asociación Cultural Arte y Circo (Asocarte), cuentan que, en los años 90, los circos de carpa familiares dejaron de existir y los espectáculos circenses fueron desplazados a salones comunales, plazas públicas, eventos privados, y muchos artistas se rindieron, dedicándose a otras actividades que les aseguraran estabilidad económica. 

“Los abuelos y abuelas de 100 años recordarán cuando tenían que vestirse de traje y sombrero, de vestido de gala para ir a la carpa de circo con lujosas lámparas de araña, elegantes écuyères, elefantes de África, burros sabios, chimpancés acróbatas y diestros equilibristas”, narran en su texto publicado en 2013.

La lógica de trabajo cambió, pero la naturaleza del circo no. O al menos así lo ve David Ramírez,clown y malabarista integrante de Los Canijos y de El Ensamble de los Desconocidos (grupo circense integrado por artistas franceses, costarricenses y argentinos). “Esa invisibilización es hereditaria, es parte de su esencia. El circo es transgresor, es libre, es errante. Son todas esas cosas que por lo general le dan miedo a un sector muy grande de la sociedad”, argumenta. 

Con él, concuerda Stefan Kinsman, acróbata y malabarista integrante de este ensamble que se estará presentando durante el Festival de Artes Escénicas.

“La visión de las personas de aquí es que la gente de circo es la que hace malabares en las calles y semáforos. Esta puede ser una visión negativa muy rápida hacia el circo o hacia la persona misma que lo hace”, comenta Kinsman.

“Pero también hay que reflexionar un poco más allá y saber que esa persona va con todo el corazón a decir: yo quiero hacer esto de mi vida, y está viviendo en un país donde las opciones son muy limitadas”, añade.

Juan Ignacio Tula, acróbata y bailarín invitado de nacionalidad argentina y residente de Francia, apunta que la falta de apoyo institucional ha fomentado que las artes circenses queden relegadas a un segundo plano, después de otros tipos de expresión artística como el teatro y la danza.

“Falta una estructura que les de contención y espacio a estos artistas para crear. En otros lugares están las escuelas de circo, espacios de creación, centros creados por el estado y subvenciones enfocadas específicamente en el circo”, asegura.

De amarilloSebastián Gaitano de Araknido Circus (productor del Festival Pura Risa), abajo Emmanuel Hidalgo del Circo El Coyol y a la derecha Nadia Ayala del Circo Social del Sur, Argentina. Marcela Bertozzi

Agrega: “Pasa que si la gente ve a artistas en semáforos es porque no hay suficientes espacios para darles formación”.

Renacer. “Creo que estamos en un momento de organización, el circo se está conectando”, opina el Canijo Ramírez.

Para él, tal resurgir del circo es el resultado de un híbrido creado por “viajeros del sur, de circos tradicionales del norte, de los que cruzaron el charco y vinieron a compartir acá”.

“Queremos que los entes del gobierno vean en el circo un medio y una herramienta de cambio social. No solo un gremio que demanda cosas, sino que también le puede dar mucho a la sociedad”, agregó.

Gabriela Gil, coordinadora del proyecto de Circo Fantázztico puede dar fe de ello.

Integrado por un grupo de casi 20 jóvenes que viven en zonas de riesgo de Pérez Zeledón, este circo liderado por la Asociación Vida Nueva ació en 2002 como una estrategia para alejar de la drogadicción y otros problemas a los que se enfrentan niños y jóvenes de barrios marginales.

Trece años después, el proyecto impulsado por uno de los pioneros del circo social en Costa Rica,Roland Spendlingwimmer , ya los ha hecho alistar maletas para participar en numerosos festivales y talleres en Suiza, Alemania, Austria, Italia y otros países de Europa. Además, se encuentran organizando la segunda edición de su Festival Brinca Brunca que se realizará en San Isidro del General del 6 al 12 de junio.

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“El impacto sí es bastante, el resultado lo hemos visto con los años. Hemos observado como jóvenes que han tenido problemas en sus familias utilizan su tiempo en algo positivo”, añade Gil.

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Preludio. Para algunos, payasadas, para otros, arte. Para esos jóvenes que cuelgan del techo capturados por nuestra cámara, el circo es vida. Para ellos, es su responsabilidad rendir honor a un gremio que ha demostrado habilidades camaleónicas para adaptarse a lo que se venga.

Si de algo están convencidos es que ni el cine, ni la televisión, ni los videojuegos podrán desplazar la fascinación que provoca el riesgo, la sorpresa y el traspaso de los límites de lo posible.

Con dos semanas de espectáculos, talleres y concursos, están dispuestos a dejar en claro que es apenas una probadita y que vienen por más. Las artes circenses en Costa Rica siguen vivas.